Antes de que aparezca una enfermedad del corazón, su organismo suele dar pistas: cifras de presión, niveles de colesterol, hábitos diarios, antecedentes familiares. Sumadas, esas pistas conforman lo que llamamos riesgo cardiovascular: la probabilidad de tener un infarto o un accidente cerebrovascular en los próximos años. Conocer su riesgo le permite tomar decisiones a tiempo. En este artículo le explicamos qué es, cómo se calcula y qué puede hacer para reducirlo.
¿Qué es el riesgo cardiovascular?
El riesgo cardiovascular es la probabilidad de que una persona sufra un evento del corazón o de los vasos sanguíneos —como un infarto de miocardio, un accidente cerebrovascular o la muerte por causa cardíaca— en un periodo determinado. Habitualmente se calcula a diez años. No es una predicción exacta, sino una estimación que orienta las decisiones clínicas y los cambios en el estilo de vida.
Factores de riesgo cardiovascular
Se distinguen dos grupos: los factores que se pueden modificar y los que no. Cuanto mayor es el número de factores, mayor es el riesgo.
Factores modificables
Son los que dependen, en buena medida, de las decisiones diarias y del tratamiento médico:
- Hipertensión arterial.
- Colesterol elevado, especialmente el LDL.
- Diabetes o niveles altos de azúcar en sangre.
- Tabaquismo.
- Sobrepeso y obesidad.
- Sedentarismo y baja capacidad física.
- Alimentación rica en grasas saturadas, sal y ultraprocesados.
- Estrés crónico y sueño insuficiente.
- Consumo excesivo de alcohol.
Factores no modificables
Aunque no se pueden cambiar, conocerlos ayuda a ajustar el resto:
- Edad (el riesgo aumenta a partir de los 45 años en hombres y 55 en mujeres).
- Sexo (los hombres suelen tener riesgo más alto a edades más tempranas).
- Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.
- Origen étnico, en algunos casos.
¿Cómo se calcula el riesgo cardiovascular?
Los profesionales de salud utilizan tablas o calculadoras validadas que combinan varios de estos factores. El médico introduce sus datos personales en una de estas escalas y obtiene un porcentaje: la probabilidad estimada de un evento cardiovascular en los próximos diez años.
Datos que se evalúan
Las escalas más comunes piden información como:
- Edad y sexo.
- Presión arterial sistólica.
- Colesterol total y colesterol HDL.
- Si fuma o no.
- Si tiene diabetes.
- Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.
Escalas más usadas
Entre las herramientas más reconocidas están la SCORE2 y la SCORE2-OP, recomendadas por las guías europeas; las Pooled Cohort Equations de la Asociación Americana del Corazón; y el modelo de Framingham, ampliamente validado y empleado de referencia en buena parte de Latinoamérica. La elección depende del país, la edad y los datos disponibles.
Categorías de riesgo cardiovascular
Una vez calculado, el riesgo se clasifica en categorías que orientan la conducta clínica:
- Riesgo bajo: menos del 5% de probabilidad de evento a 10 años.
- Riesgo moderado: entre el 5% y el 10%.
- Riesgo alto: entre el 10% y el 20%.
- Riesgo muy alto: a partir del 20% o con enfermedad cardiovascular ya establecida.
Cómo reducir el riesgo cardiovascular
La buena noticia es que la mayor parte del riesgo está bajo su control. Estos hábitos, sostenidos en el tiempo, lo reducen de forma comprobada:
- Mantenga su presión arterial por debajo de 130/80 mmHg con la ayuda de su médico.
- Controle su colesterol con alimentación adecuada y, si es necesario, con tratamiento.
- Si tiene diabetes, mantenga su azúcar en sangre dentro de las metas indicadas.
- No fume y evite la exposición al humo de tabaco.
- Realice al menos 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad intensa a la semana.
- Cuide su peso y la circunferencia abdominal.
- Coma de forma equilibrada, con énfasis en vegetales, legumbres, pescado y aceite de oliva.
- Duerma entre 7 y 9 horas y aprenda a manejar el estrés.
- Acuda a controles médicos periódicos, incluso si se siente bien.
¿Cada cuánto debe evaluarse su riesgo?
En adultos sin enfermedad conocida, se recomienda evaluar el riesgo cardiovascular al menos una vez entre los 35 y los 40 años y repetir la estimación cada cuatro o cinco años, o antes si aparecen cambios en sus factores. Las personas con riesgo intermedio o alto, o con enfermedad ya establecida, requieren un seguimiento más cercano según indicación de su médico.
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